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el expreso de medianoche

Crimen Desorganizado, S.A.

Crimen Desorganizado, S.A.

No tardó en llegar a la vivienda de la calle Río Rojo un grupo de la delegación policial de Matriz, que enseguida se hizo cargo de la partida de ejemplares de “Sabor a fuel”, con el propósito de llevarlos directamente a la incineradora municipal. 

        Después de recoger todas las pruebas, Léxico se despidió de los números matriceños; uno de ellos se prestó a llevarle a él y a su compañero a un centro de atención primaria. Allí, le dieron unos puntos y curaron la herida en su cabeza. Enseguida, ambos sabuesos pidieron un taxi y partieron en dirección al aeropuerto. Allí Léxico se despidió de su compañero, el cual partió hacia Barmolona, para reunirse con el comisario Hiato. Por su parte, Léxico tomó un vuelo directo hacia Marvela.

        -¡...! –pareció advertirle Suspensivo con cautela a su superior. 

        -Hale. Hasta luego, majo... –respondió Léxico.

        Durante el vuelo, Léxico estuvo haciendo un repaso a todos los percances y entresijos del caso. Se preguntaba, todavía, qué demonios tenía que ver su amante Adelita en todo aquel asunto. Hizo un recuento cronológico de los hechos: un libro hallado en la Facultad de Letras de Barmolona, dentro de una mochila; una mochila supuestamente olvidada en la biblioteca por un ricachón famoso; mochila perteneciente a una estudiante de la facultad, hija de otro ricachón famosillo con antecedentes sospechosos (aunque sin relación con asuntos literarios); un libro que fue adquirido por este tipo en un mercadillo, a un inmigrante con un negocio poco legal; a su vez, el inmigrante adquiere el libro de un colega que resulta ser proveedor de unos ejemplares de este libro, ilegalizado hace tiempo; en el piso de éste, se descubre el almacén de distribución de estos libros, provenientes de una casa editorial marvelí. En fin, todo un entramado, cuyo final parecía estar cerca, aunque nada claro. 

        En la pista de aterrizaje, un par de números le esperaban junto a un coche de policía. Unas azafatas le ayudaron a bajar las escaleras del avión. Los policías se acercaron una vez estuvo en tierra y le acompañaron hasta el coche. Subió Léxico al asiento del copiloto, mientras el otro policía subió atrás. Ya en marcha, el conductor se dirigió a Léxico.

        -Bueno, agente... ¿Dónde quiere que le llevemos? –inquirió el número. 

        -¿Cómo? –se preguntó Léxico-. Pues, ¿dónde va a ser? A la editorial.

        -De acuerdo. Aunque debo decirle que el caso ya está resuelto –reveló el policía-. Nuestros hombres ya se han hecho con todas las mercancías y han requisado la editorial; han sido detenidos doce miembros de la misma y confiscados todos los documentos; no obstante, quedan dos tipos sueltos: el dueño, mayormente, conocido como Julián Guñoz, y su más fiel colaborador y ayudante, un tal Li Jung So. Ambos en paradero desconocido. 

        -¿Julián Guñoz? –se sorprendió Léxico-. ¿El antiguo alcalde marvelí y marido de la famosa cantante folklórica Isabelle Santonja?

        -Efectivamente, señor... –asintió el policía-. Así que, si lo desea, podemos ir a comisaría, donde el comisario le informará de todo más explícitamente. 

        -De acuerdo. Vayamos –convino Léxico. Acto seguido sacó su petaca y echó un breve sorbo, ya que tan sólo le restaban un par de centímetros de líquido.

 

Franz_126

 

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