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el expreso de medianoche

Crimen Desorganizado, S.A.

Crimen Desorganizado, S.A. Léxico acudió a visitar a Adelita al hospital, como todas las tardes durante el transcurso de aquellas dos últimas semanas. Aquella tarde Léxico entró en la habitación con una caja envuelta en papel de regalo. Adelita dibujó una cariñosa sonrisa al ver a Léxico con el regalo. Léxico depositó la caja junto a la cama, y después de dar un beso a la bibliotecaria, le preguntó:

        -¿Quieres que yo la abra? 

        -Por favor, cielo... –contestó impaciente Adelita-.

        Léxico comenzó a rasgar el papel que envolvía la caja; en la tapa frontal Adelita apreció unos pequeños orificios por donde parecía verse algo en movimiento; escuchó también unos leves gemidos que procedían del interior. Seguidamente, Léxico abrió la tapa y agarró con suavidad al caniche que esperaba asustado en el interior del embalaje. Adelita lanzó un grito de sorpresa, mientras Léxico depositaba al can en sus manos. 

        -¡Cariño, eres un sol! –dijo a Léxico, mientras acariciaba al caniche-. Es el mejor regalo que podías hacerme...

        -Bueno, me alegra que te guste –sonrió Léxico-. No es exactamente como Freddy, pero bueno... 

        -Ya... –asintió melancólica-. Bueno, pero a pesar de que no sea Freddy, la verdad es que es una monada. En fin, habrá que ponerle un nombre...

        -Sí. 

        -Pues decide tú, cariño, que para eso es tu regalo...

        -¿Estás segura? 

        -¡Claro que sí! ¿Qué nombre se te ocurre?

        -Bueno, pues no sé... –vaciló-. Se me ocurre, se me ocurre... ¡Ah! ¡Ya sé! Candy. 

        -Ja, ja, ja... –rió Adelita-. ¿A qué me recuerda ese nombre, a qué...?

        -Pues no sé... Ha sido el primero que me ha venido a la cabeza... 

        -Pues no se hable más: Candy... –se dirigió al perro mirándole a los ojos-. ¡Ah, por cierto! –se dirigió ahora a Léxico-. Tengo una muy buena noticia...

        -Pues suelta, preciosa... 

        -Seguramente el lunes me darán el alta...

        -¡Mágnifico, princesa! –exclamó Léxico-. 

        Hacia el final del horario de visita, Léxico empaquetó de nuevo a Candy, para llevárselo a su casa hasta que Adelita estuviera de vuelta. Cuando ya se despedían, ésta le pidió un favor.

        -¿Puedes pasar hoy por mi casa para regar las plantas? 

        -Claro que sí, guapa... En cuanto salga del hospital me paso por allí...

        -Te quiero, cielo... 

        Se despidieron dándose un prolongado beso y, a continuación, Léxico salió de la habitación con una tonta y poco habitual sonrisa.

 

Franz_126

 

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