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17/08/2005

El origen de la escritura (por Dolores M. Koch)

El origen de la escritura

© 1997 Chris Patton, Stanford University



Algunas ideas sobre la minificción
por
©Dolores M. Koch
Doctora en Literatura Hispanoamericana por la City University of New York
¿Cómo se puede ser original cuando ya todo está dicho? ¿Cómo

verter vinos viejos en odres nuevos? Pensándolo así, escribir con

originalidad parece una tarea muy difícil. Sin embargo, sucede todos los

días, naturalmente y sin cálculo. Todo discurso es una reformulación, como

apuntara Giambattista Vico, y aun las formas de arte que se perciben como

nuevas son meras reversiones de géneros antes considerados inferiores o de

variaciones de géneros ya conocidos. La minificción hiperbreve no es nueva.

En Hispanoamérica se ha ejercido con placer en la segunda mitad del siglo

veinte, y en los últimos años,se ha proliferado por el mundo. Cuesta trabajo

llevar la cuenta de las antologías publicadas. Hasta hay un club japonés de

micro-cuentos en la red.

Quizás a la minificción le ha llegado el momento de ser reconocida como

género menor de cierta resonancia. Estos comprimidos literarios pueden no

sólo hacernos reír sino hacernos pensar y ofrecernos a veces más ideas en su

breve espacio que páginas llenas de palabras. Casi puede decirse que al

popularizarse tanto ha comenzado a degenerar, y por tanto nos vemos en la

necesidad de definirla.

En conversación, durante su estancia en Nueva York ya en 1981, Augusto

Monterroso se lamentaba de que en México se estaba escribiendo una clase de

cuento brevísimo que se diferenciaba de la "varia invención", como él lo

denominaba, porque ésta tenía "algo detrás". La brevedad es la única cualidad

que se ha hecho a todos evidente. Pero hay machos más. La minificción,

además, no es monolítica y llegar a una clasificación en la que todos

concuerden es terreno espinoso.

Primeramente, descontemos las formas ya definidas, más o menos, por la

tradición: la viñeta, el poema en prosa, el aforismo, la anécdota, el chiste,

el ejemplo, la parábola. Y tenemos, desde luego, el minicuento, que tiene las

mismas características del cuento, aunque es mucho más breve. Contiene una

serie de eventos y uno que los remata, dando la sensación que todos los

eventos anteriores sirven de preparación para el final. Esta variante suele

nominarse microcuento o minicuento.

Tenemos también los minicuentos integrados, que bien comparten personajes

y temas para formar un ciclo o serie. Este estilo es mas novedoso, y lo hemos

observado en minificciones de Cortázar y Borges. Algunas novelas modernas se

componen de breves relatos inter-relacionados, sin la acostumbrada

continuidad.



Y también necesitamos un nombre que aplique en general a todas estas

formas muy breves, y "minificción" es quizá la usada con más frecuencia.

Prosas breves o hiperbreves son buenas alternativas.



¿Y cuál es esta minificción a la que se refería Augusto Monterroso, esa

que tiene "algo detrás"? Monterroso la llama "varia invención porque su

predecesor inmediato, Juan José Arreola, usó ese título para una colección

de prosas hiperbreves y literarias. Ha recibido otros nombres, pero no es

apropiado llamarla minicuento, porque éste difiere en la acción final. Hemos

optado por llamarla "micro-relato" y el término ha sido adoptado por muchos

de sus adeptos. El autor de micro-relatos admira el texto literario portador

de ideas pero conciso de palabras. Muestra una incapacidad ingénita para

escribir novelas largas con personajes bien desarrollados. Si logra algún

libro de extensión, éste probablemente resulta fragmentario, compuesto de

muchas pequeñas piezas como un mosaico. Las características generales de esta

variante de minificción cuyo significado es mayor que el número escaso de sus

palabras parece indicar, pudieran resumirse de la siguiente manera:

Preocupación por el lenguaje
El micro-relato ofrece una prosa sencilla pero ingeniosa, poética y a la vez

concisa. Su poder de sugerencia permite más de una interpretación. Su

disfrute a veces depende por lo tanto del grado de competencia del lector.

Con frecuencia la frase es pulida como un aforismo y goza de la cadencia de

un proverbio o dicho popular. Parece ser requisito indispensable para el

autor de micro-relatos tener buen dominio del idioma y ser un buen lector. El

autor de micro-relatos usualmente se siente un poco falto de oxígeno en su

ambiente local y establece comunicación con la inteligencia universal de

todos los tiempos. No debe ser por pura casualidad que la pasión por la

palabra bien dicha, ya sea causa o efecto, ha llevado a muchos de estos

escritores a ejercerse en la propaganda comercial, o como correctores de

estilo en casas editoriales.

Afán de universalidad
El micro-relato debe su impulso vital a las grandes lecturas y a ellas

responde. Es un diálogo universal de libros balanceándose entre dos polos: la

escritura que habla de sí misma y la que dialoga con otros libros. Su asunto

es a veces simbólico o emblemático y de carácter intemporal. Participa

novedosamente a veces de la sabiduría del adagio, el aforismo y la parábola,

y al mismo tiempo, del ensayo o anotación de diario. El final de un

micro-relato es frecuentemente el descubrimiento de una verdad o de una

paradoja.

Sentido de humor
El micro-relato está a menudo regido por el humor, que a veces es escéptico o

irreverente. Su autor ocupa la posición superior del observador de la

absurdidez del mundo y así encuentra el humor y la ironía. Recordemos que el

placer que proporciona al ser humano satisfacer la necesidad de juego por

medio de palabras lo ha llevado a quererlas preservar por escrito cuando ya

en tiempos antiguos estos juegos se multiplicaron y se hicieron tan extensos

o complejos que era imposible ya repetirlos de memoria. El micro-relato

recupera ese sentido de juego en un movimiento cíclico. Juega, en fin, con la

razón y la intuición, y, ante todo, juega con la capacidad expresiva del

lenguaje.

Rebeldía y originalidad

El micro-relato demuestra ciertos elementos de anarquía intelectual y

espiritual. Primeramente, juega irreverente-mente con las tradiciones

establecidas por la preceptiva al escaparse de las clasificaciones genéricas,

y se complace en romper las barreras entre cuento, ensayo y poema en prosa.

Juega con la literatura misma en sus alusiones y reversiones. Juega con

actitudes aceptadas mecánicamente ofreciendo o redescubriendo perspectivas.

Juega con el concepto de la realidad, la desproporción y la paradoja. Su

autor se vale de variados recursos narrativos, y sorprende al lector con un

despliegue de ideas, de palabras, o un punto de vista insospechado. Este

afán de novedad le lleva, no sólo a rescatar fórmulas de escritura antiguas

como son la fábula y el bestiario, sino también a insertar formatos nuevos,

no literarios, procedentes de la tecnología y de los medios modernos de

comunicación. El autor de micro-relatos se siente parte de una élite

universal en un doble movimiento de aislamiento y solidaridad.


*

En fin, el mérito de estos textos mínimos, que ya poseen una tradición en

español, es que rompen con la mecanización del lenguaje y retornan a la buena

prosa. Sus monstruos son el utilitarismo, la solemnidad, el falso progreso,

la degradación de las ilusiones, la cotidianeidad, la pedantería, la

tecnología moderna, el pensamiento anquilosado. Su moneda de cambio es el

humor, y su verdadera médu1a es la presentación del hombre como

súbdito insumiso.

©Dolores M. Koch Diciembre 2001
17/08/2005 19:58 Enlace permanente. Tema: Vagones de Carga Hay 1 comentario.

Guerra / Souls of the rain

Guerra.jpgGUERRA

Viento, sombras... nubes.
Lanza tu mirada hacia atrás, descubre el reflejo del agua de abril.
Lucha en la penumbra, escapa del letargo;
Abróchate las entrañas del recuerdo,
Roza el vacío, llena el espejo.
Aterriza en el oscuro deseo del alma.
Palpita en la noche, luciérnagas engalanadas esperan tu respuesta.
Escucha el augurio espectral del silencio.
Vaga... Vaga por la senda escabrosa del temor.
Caos en la retaguardia, espía la luz del cañón,
Tiembla ante tu propio proceder.

Rescata la tormenta del sinsentido,
Ríe al enemigo, traiciona a tu propio ser.
Y...
Por último...

EJECUTA!


* * *

SOULS OF THE RAIN

No exit from that everlasting road,
No answer for those last words,
Rollin´ under some darker clouds,
Escapin´ from the rage of God.

Lyin´ a sheet of disgrace under your knees,
Keep lookin´ the route of the ship.
Raisin´ from a waste land of livin´ souls,
Watchin´ the zombies go around the hole.

Filth, tombs, screams, shots.

Ridin´ through a black tunnel of tongues,
Wavin´ by the air like a helly gnome,
No time for the screams of livin´pain,
No mercy for the souls of the rain.

Franz_126
17/08/2005 20:21 Enlace permanente. Tema: Tren-Litera No hay comentarios. Comentar.

31/08/2005

Dos fábulas revisadas (o revisitadas)

aguila1.jpg“El Águila y el Cuervo”

Cuenta una fábula que un buen día, el Águila Reina se hizo amiga del Cuervo Plebeyo, y le invitó a pasar una velada en su lujosa mansión. Recorrieron juntos, pues, parte de la hermosa orografía de aquella región hasta llegar a la residencia del Águila. Al llegar al fastuoso salón, ambas aves se sentaron a la mesa, y el Águila le ofreció amablemente multitud de manjares que jamás el cuervo había degustado. Mientras disfrutaban de una exquisita cena, el Cuervo observó a su alrededor multitud de objetos valiosos, entre los que se encontraba un trofeo de plata que el Águila había conseguido por méritos de caza.
-Poseo multitud de hectáreas y árboles, de montañas y ríos –explicó el Águila-. Poseo riquísimos manjares, tesoros y los más bellos atuendos. Poseo las más avanzadas armas de caza, multitud de diferentes afilados picos protésicos e hirientes garras metálicas. Incluso, poseo un microchip para pasar inadvertida ante mis presas. Poseo...
Mientras el águila continuaba relatando todas sus posesiones, un estruendoso ruido irrumpió en el salón: a continuación, comenzaron a invadir la estancia varios buitres que destrozaron parte de las pertenencias de la mansión. Salieron enseguida el Águila y el Cuervo huyendo por los ventanales laterales, mientras comprobaban que la región había sido invadida por una colonia de buitres que comenzaron a arramblar con todas las pertenencias del Águila Reina. Por suerte, pudieron el Águila y el Cuervo huir del lugar y trasladarse a otra región.
Llegaron tras una agotadora jornada a otra rica y frondosa región, en donde atisbaron un castillo junto a una colina. El Águila le instó al Cuervo:
-Ven conmigo al castillo. Pues debes saber que también poseo esta región y todo lo que la compone, incluido el castillo. Allí estaremos a salvo de los buitres.
El cuervo, receloso y pensativo, le contestó:
-Lo siento... Creo que regresaré a los postes de telégrafo de las carreteras. Aun no disponiendo de tantos lujos, estaré más tranquilo.
El Águila se quedó perpleja ante la decisión de su amigo, y contempló cómo rápidamente se alejaba el Cuervo hacia el valle.

De vuelta a los postes, un día el cuervo plebeyo halló en el camino un viejo manuscrito. Lo leyó admirado, y se fijó en el autor: Esopo. Se quedó perplejo por la paradoja, y por aquel misterioso anagrama. Variando sus letras, volvió a recordar las palabras del Águila: Poseo...

* * *

“El búho que escribía historias de terror”

Érase una vez un búho al que le gustaba cazar por el día a sus presas, mientras que por las noches escribía historias de terror. Este singular y excéntrico búho despertaba cada mañana para darse una vuelta por el bosque y posarse en su rama predilecta.
Un buen día, el búho atisbó desde el árbol cómo con paso ligero -y ligera de ropa- se acercaba por el camino una bella jovencita. No dudó el búho en dirigirse altanero a la señorita:
-¿Dónde vas tú tan rapidita, dulce Venusita?
-Voy a llevar esta cestita a mi abuelita... ¡Ah, por cierto! Y me llamo Caperucita... –contestó presumida y pizpireta.
-Pues espera y deja si quieres la cestita –abordó el búho-. Pues lo rico no está ahí...
No tardó el búho, en consecuencia, en abalanzarse sobre Caperucita, y mientras la desnudaba con sus garras y le comenzaba a dar picotazos por entre sus tiernos muslos, la joven damisela, impotente, comenzó a lanzar unos extraños silbidos. Eran aquellos, pues, unos silbidos de auxilio, como más tarde comprobara el búho.
Mientras violentamente el búho continuaba con su propósito, comprobó como un potente y retumbante sonido hacía temblar la tierra. Vio así, como ante sus ojos aparecía un extraño vehículo que se adentraba en el claro del bosque. Se trataba de una especie de submarino, aunque con neumáticos, y por tierra. Atónito, el búho observó cómo se abría la compuerta del submarino y comenzaban a asomarse una especie de patas enormes. Mientras seguían apareciendo patas y patas que se encaminaban hacia el exterior de aquel descomunal submarino, comprobó que aquella criatura se asemejaba a una especie de ciempiés gigante. Aquel ciempiés se dirigía amenazante hacia el búho, sin vacilar. En aquel momento, Caperucita, una vez incorporada, y tratando de arreglar sus ropas, extrajo una litografía de su cestita, y mostrándosela con una malvada y vengativa sonrisa al búho, dijo:
-Ya está aquí mi abuelita...
El búho echó un vistazo a la litografía de aquel monstruoso y terrible ser que, ya próximo a él, lanzó un impresionante alarido. Ante esto, el búho se valió de su útil defensa volátil y salió alas para que te quiero a toda velocidad hacia el interior del bosque.
Después de aquel inolvidable y terrible incidente, pasadas unas noches, el búho dio por finalizada su historia. Así pues, se dispuso a imprimir en papel aquella terrorífica historia que un buen día se encontró de manera súbita y paradójica. Curiosamente, el ruido de la impresora le traía a la memoria aquel espeluznante y temible alarido...

Franz_126
31/08/2005 00:02 Enlace permanente. Tema: Carbón No hay comentarios. Comentar.

Clarividencia

bola1.jpgTuvo la osadía de interrogar a aquella siniestra adivina cuánto tiempo le restaba de vida. La mujer descubrió su velo y, blandiendo la guadaña, le comunicó que acababa de morir.

Franz_126
31/08/2005 00:33 Enlace permanente. Tema: Tren-Litera Hay 1 comentario.


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