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el expreso de medianoche

Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2005.

08/09/2005

Crimen Desorganizado, S.A.

detective Lex.jpg***PRÓLOGO***

Estimados lectores:

Se inicia aquí el relato de esta serie titulada “Crimen Desorganizado, S.A.” Nada mejor que este título, pues, para precisar que el conjunto de los personajes y lugares de esta historia son totalmente anónimos o, si se quiere, ficticios. Es decir, que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. O, para decirlo de otra manera, cualquier parecido con la ficción no lo es.

Es cierto que he tomado ciertos hechos que podrían tener una referencia con la realidad (cualquier ficción, al fin y al cabo, y por muy fantástica que sea, los toma), como también ciertos personajes cuya caracterización o denominación podrían estar distorsionados con su posible supuesto real. No obstante, jamás he pretendido identificarlos con ellos, como tampoco calificarlos ni nombrarlos directa e inequívocamente. Se trata, pues, tan sólo, de una referencia para la propia invención ficticia.

Asimismo, quisiera aclarar, en caso de duda, que “Crimen Desorganizado, S.A.” pretende ser un relato de género negro, detectivesco, aunque con claros rasgos y matices paródicos, así como con ciertos pasajes satíricos y descabellados. No obstante, y aunque no pudiera parecerlo, me interesa más la trama policíaco-literaria en sí, que la crítica o denuncia, que también tiene su pequeña cabida.

Para construir el relato, debo agradecer en primer lugar a los autores del género que en su momento fueron fuente de inspiración, a cuyas obras rindo justa pleitesía y jamás osaré comparar en lo más mínimo con este intento. Gracias, pues, a Raymond Chandler, William Faulkner, Manuel Vázquez Montalbán, Edgar Allan Poe, Arthur Conan Doyle, Dashiell Hammet, Eduardo Mendoza, Georges Simenon, Agatha Christie, y un innumerable conjunto de autores propios del género.

No debo dejar de mencionar, también, y dar mis sinceras gracias a la página web “Grupo Búho.com”, de cuyos foros nació la idea de este relato. Así, pues, los primeros ocho capítulos de esta serie fueron compuestos en un juego creativo con compañeros escritores, en los que cada semana se proponía una historia que incluyera una serie de palabras escogidas. Gracias, pues, a todos ellos, y en especial a Monelle, Hechizada, Soni, Ragnall, Eboe, Cefe, Maliae, Leo y muchos otros que colaboraron con sus escritos y sus palabras.

En conclusión, espero que la lectura sea de vuestro agrado, esperando siempre vuestras estimadas impresiones. Demos paso, pues, a la historia.

Franz_126
08/09/2005 20:46 Enlace permanente. Tema: Tren de cercanías No hay comentarios. Comentar.

Crimen Desorganizado, S.A.

uno.jpgAntes de salir de casa, Bebo Léxico tomó la damajuana y vertió el negruzco líquido en un ancho vaso de Bohemia, deglutiendo el contenido de un solo trago a su buche, reorganizando así el caótico estado de su metabolismo. Tomó las llaves del seiscientos y salió pitando hacia el Comité Central.

Mientras circulaba por la larga Avenida del Miedo, saltándose semáforos en rojo y zigzagueando por entre los plátanos que delimitaban la mediana, una gangosa voz que surgía del altavoz de la emisora le alertó; deceleró su casi suicida marcha.

-Qxxxt, qxt... ¡Atención, atención! Qxxxxt... Agente Diéresis-U, qtxxxxt. Diríjase al Paraninfo de la Facultad Central de Letras, qxxxxt... Parece ser que se ha localizado un 7-BPH-40, qxxxt. Es urgente, qxxxxxt.

Enseguida, Léxico se dispuso a virar su marcha, realizando un brusco trompo que casi hace volcar su viejo carro.

Detuvo el coche en la misma puerta. Sacó la petaca de la guantera, echó un impetuoso trago, y se dirigió con parsimonia, aunque afectadamente, hacia el pasillo que conducía al Paraninfo. A las puertas se encontró con la decana que, mientras se rascaba nerviosa un muslo, mostraba un pliegue de su blanca enagua.

-Buenos días, agente... –saludó con cierta expresión de abulia-. Entre usted, por favor... Yo no puedo...

Empujó la enorme puerta de entrada y se encontró con un larguirucho tipo que registraba una mochila.

-¿Dónde está? –interrogó sin ambages al que parecía un letrado, aunque desgarbado profesor.

-Hola, agente... Lo encontré en la mochila y lo deposité enseguida en ese escritorio.

Léxico se dirigió al escritorio y allí lo halló, prácticamente abierto en canal, mostrando su “negrura” (en ambos sentidos) por entre las láminas de su albo cuerpo. Lo examinó exageradamente durante varios minutos, antes de manipularlo; siempre le gustaba presumir de perfeccionismo.

Al cabo de unos minutos se puso los guantes, y comenzó a examinarlo a fondo. Dio la vuelta al cuerpo del delito y examinó su dura piel frontal. Allí, leyendo aquellas letras y observando aquel patético dibujo, descubrió el crimen:

“Sabor a fuel”, por A.R. Quilmada.

-¡Maldita sea! –exclamó furioso-. Parece ser que ha vuelto a resurgir de nuevo la plaga... Nuestro despiadado homicida ha vuelto a sus andadas, tratando de corromper las mentes de los novatos estudiantes. ¿Se sabe algo del dueño de la mochila?

-Me temo que no... –contestó el compungido profesor-.

-En fin... –se dijo Léxico, contrariado, aunque resignado-. Me temo que será necesario dar comienzo a una exhaustiva investigación.

Franz_126

11/09/2005

Crimen Desorganizado, S.A.

dos.jpgLéxico era consciente que la búsqueda del dueño de aquella mochila iba a ser un arduo trabajo, aunque jamás daba por perdido ningún caso, por muy intricado que éste fuera.

Al día siguiente, pues, se dirigió de nuevo a la Facultad de Letras, con la intención de acudir a la biblioteca, lugar donde la mochila fue hallada.

Abrió la puerta y se dirigió hacia aquella bibliotecaria, cuyas mejillas brillaban como dos luceros gracias al exagerado arrebol de su maquillaje. Se percató, curiosamente, de que aquella cuarentona le recordaba con nostalgia a una antigua amante que antaño había sido su obsesión de juventud.

Mientras Léxico le enseñaba la placa y le explicaba el motivo de su visita, la mujer pareció recobrar una expresión de miedo.

-¡Oh, agente! ¡No se puede imaginar la impresión que me llevé al hallar ese horripilante mamotreto dentro de la mochila!

-Tranquila, le comprendo... –le compadeció Léxico, pasándole suavemente una mano por su escotada espalda-. Ejem... Y... dígame, señora... ¿O puedo llamarla señorita...?

-Ah... ji, ji, ji... –expresó presumida-. Por favor, apuesto agente, puede usted llamarme por mi nombre de pila, Adelita... Y de tú, se lo ruego... –contestó con una provocadora sonrisa.

-Bien... Pues, dime, Adelita... –se decidió Léxico, con mirada seductora-. ¿Tienes algún dato sobre cuántos estudiantes pasaron ayer por la biblioteca?

Un estudiante que advirtió la íntima conversación desde un escritorio contiguo emitió un reprobatorio siseo.

A continuación, Adelita instó a Léxico a que le acompañara a la pequeña oficina situada en el interior de la recepción. Una vez dentro, Adelita cerró la puerta con llave y, con mirada lasciva decidió abalanzarse en brazos de Léxico, comenzando a desabrocharle los botones de la camisa. Léxico le correspondió infiltrando una de sus manos por las nalgas de la bibliotecaria y, a continuación, bajándole con las dos sus bragas. Comenzaron, pues, a hacer el amor procurando, en la medida de lo posible, hacer el menor ruido que pudiera alertar a los estudiantes.

Al cabo de media hora, Adelita recompuso sus ropas y salió para dar el toque de cierre a los tres estudiantes que quedaban. Una vez cerrada la biblioteca, avisó a Léxico para que saliera del cuarto. A continuación, como si acabara de hacerle aquella pregunta, le contestó:

-Pues por la tarde unos veinticinco, aproximadamente, sin contar los no socios y algún que otro ¨trashumante¨: así es como llamamos a los que vienen de fuera. De todas maneras, por las mañanas me dedico a chinear a niños del barrio, así que harás bien en preguntar a Cándido, que es el que está hasta las dos.

-¿Chinear? –preguntó Léxico, extrañado.

-Ah, sí, chinear... –sonrió Adelita-. Es una expresión que utilizamos en Guatemala, de donde soy... Significa cuidar niños, hacer de niñera.

Léxico apuntó la palabra en su cuaderno. Luego se despidió de Adelita, después de pedirle su teléfono, y salió de la biblioteca no tan satisfecho por la información recibida, como por el transcurso de la propia visita.

Franz_126

15/09/2005

Crimen Desorganizado, S.A.

tres.jpgAl día siguiente, Cándido estuvo explicando a Léxico los pormenores acontecidos por la mañana. Mientras el viejo bibliotecario hablaba, Léxico observó con curiosidad el enorme promontorio en forma de chepa situado en su espalda. Observó también una cierta expresión de melancolía, a pesar de su aparente ánimo al hablar:

-...Verá agente... Con sinceridad... no sé muy bien cuántos estudiantes estuvieron aquí por la mañana... ¡Ah, sí, ya recuerdo, recórcholis! Fueron veintidós... Aunque... ahora que lo pienso... creo que esos fueron el miércoles, y usted se refiere al jueves... Pues quizá unos quince... ¡Ah, ahora que recuerdo...! El miércoles estuvo por aquí un famoso editor, que, por cierto, he de confesarle que es íntimo amigo mío... Se llama José Manuel Vara... ¡Oh, no! Perdone... Ahora lo recuerdo con exactitud... Fueron dieciocho estudiantes...

Mientras Léxico continuaba escuchando aquel galimatías, llegó a la conclusión de que no podía fiarse de aquel viejo. No obstante, le sorprendió el dato sobre José Manuel Vara.

-Y... dígame... –quiso saber Léxico-. ¿Dice que el miércoles estuvo por aquí el famoso editor José Manuel Vara?

-¿Qué? ¿José Manuel... qué? –interrogó a su vez con insólita extrañeza el bibliotecario-. No, hombre, no... Le digo que el otro día fui a pasar el fin de semana en la torre de mi amigo José Manuel Garza, que es un conocido auditor en la ciudad...

Léxico se percató de que aquel hombre necesitaba una jubilación cuanto antes. Iba a ser difícil continuar la investigación con un testigo cuya razón comenzaba a ser tan dispersa. No obstante, no estaba dispuesto a claudicar, e hizo un último intento en pos de averiguar algún otro dato.

-Esto... caballero. Dígame. ¿Hay alguna manera de averiguar si los estudiantes que pasaron por la biblioteca están matriculados en la Facultad?

-¡Pues claro, hombre! –respondió con sorpresiva rotundidad-. Haberlo dicho antes... Cada día, al entrar en la biblioteca, los estudiantes deben dejar su carné en recepción. Nosotros pasamos la banda magnética por el aparatito y sus datos quedan introducidos en el ordenador.

Léxico estuvo a punto de pronunciar un cruel taco a la cara de aquel pobre anciano, aunque logró contenerse. Tomando de nuevo una afable sonrisa se dirigió a Cándido:

-Buen hombre... ¿Sería tan amable usted de cederme su ordenador para echar un vistazo?

-Pues claro, hombre, faltaría... –respondió con camaradería-. Y si quiere yo le enseño luego mi colección de fotografías del Play-Boy.

Franz_126
15/09/2005 18:22 Enlace permanente. Tema: Tren de cercanías No hay comentarios. Comentar.

18/09/2005

Crimen Desorganizado, S.A.

cuatro.jpgLéxico pudo localizar en el ordenador a catorce estudiantes que visitaron la biblioteca aquel día. No obstante, se centró en los seis que correspondían a primer curso, ya que en uno de los bolsillos de la mochila se había encontrado un programa de inicio de carrera. Estaba, pues, decidido a proyectar su plan de búsqueda y a entrevistar a aquellos estudiantes. No obstante, reanudaría su investigación al día siguiente, ya que aquel había sido un largo y agotador día.

A primera hora de la mañana había quedado en la puerta de la cafetería con Adelita. Mientras Léxico apuraba un trago del negruzco líquido de su petaca, vio aparecer por entre la arboleda del patio a Adelita junto a un tipo desconocido, ambos enlazados del brazo. Adelita, sonriente, se dirigió a Léxico:

-Hola, guapetón. Te traigo una sorpresa... Te presento a Ceferino. Cefe, para los amigos.

Ya en el bar, Cefe –un pariente lejano de Adelita- comenzó a explicar a Léxico los detalles de su testimonio:

-Verá, agente... –comenzó Cefe-. Soy chileno y estos días he estado por aquí de visita. El día de autos estaba yo en la biblioteca, frente a la pantalla de un ordenador, escribiendo una historia para un juego de una estupenda página de Internet. Entonces, me giré, y me percaté que el individuo que se hallaba a mi lado se levantaba súbitamente y se marchaba. Aunque me extrañó bastante su reacción, no le di mayor importancia. Entonces, hablando ayer con Adelita, me comentó el caso de la mochila y que la había hallado justo en el lugar que aquel tipo ocupaba. Es por eso, caballero, que le cuento esto...

Léxico esbozó una cordial sonrisa ante aquel afable hombre que, a sus ojos, bien parecía un oráculo.

-Y dígame, Cefe... –escrutó Léxico-. ¿Qué aspecto tenía ese joven?

-¿Joven? –se extrañó Cefe-. Yo diría más bien que era un hombre ya entrado en años... A ojo de buen cubero, le echaría unos ochenta...

Léxico se sorprendió de aquella paradoja. Hizo un repaso mental a las fotografías de los seis estudiantes y concluyó que ninguno de ellos se correspondía con esa edad. Entonces, apremiante, propuso:

-¿Qué te parece –se dirigió a Adelita- si nos vamos a abrir la biblioteca, que ya son horas? Y de paso echamos un vistazo al ordenador...

-Tus deseos son órdenes para mí, encanto... –respondió seductora Adelita.

Franz_126
18/09/2005 00:12 Enlace permanente. Tema: Tren de cercanías No hay comentarios. Comentar.

22/09/2005

Crimen Desorganizado, S.A.

cinco.jpgYa de vuelta en la biblioteca, Adelita dispuso el ordenador para que Cefe y Léxico pudieran identificar al dueño de la mochila. Después de hacer un repaso por los seis estudiantes de primero, era evidente que difícilmente la descripción de Cefe pudiera coincidir con la de aquéllos. Así, pues, con la esperanza de poder hallar al sospechoso, continuaron mirando las fichas de los otros visitantes. Revisadas unas veinte fichas, Cefe señaló la fotografía de aquel socio. Léxico al principio miró aquella fotografía con indiferencia; al fijarse detenidamente y leer el nombre de la ficha, sorprendido, tuvo que preguntar a Cefe:
-¿Está usted completamente seguro?
-Sí, sí... No hay ninguna duda, agente. Se trata de ese hombre...
-¿Sabe usted quién es este hombre? –preguntó desconfiado Léxico.
-Pues no, la verdad... Aunque me suena de algún anuncio de la tele, o de publicidad...

Efectivamente, parecía que Cefe no conocía al famoso Julio Ermita padre, progenitor del también famoso y homónimo cantante. Daba la impresión, asimismo, de que estaba diciendo la verdad. Mirando de nuevo la fotografía del famoso se dijo:
-¡Menudo truhán!
Debería Léxico, pues, anular el almuerzo que tenía previsto con Adelita y acudir inmediatamente al Comité Central, en busca de la información necesaria sobre Julio Ermita y su paradero. Por muy famoso que fuera, aquel tipo debería responderle a unas cuantas preguntas...
Se despidió de Adelita y Cefe, agradeciéndoles efusivamente la ayuda prestada, y aplazando su cita con la bibliotecaria para el día siguiente.
Subió al Seiscientos, no sin antes dar un largo trago a su petaca, y salió en carrera cronometrada hacia el Comité Central. Siempre presumía de su afán de superación, y aquella mañana se dispuso a batir el récord de velocidad desde la facultad de Letras hasta su lugar de destino.

Franz_126
22/09/2005 22:42 Enlace permanente. Tema: Tren de cercanías No hay comentarios. Comentar.

25/09/2005

Crimen Desorganizado, S.A.

seis.jpgLéxico llegó hasta la puerta de entrada del Comité Central. A simple vista, el edificio no presentaba ningún rasgo distintivo, y su puerta metálica semejaba la entrada de una fábrica. Llamó al timbre y a continuación dijo:

- Agente Diéresis-U. Contraseña: ¡Abre, cojones, que no estoy para milongas!

Acto seguido, el sistema mecánico de la puerta se accionó, y Léxico entró en el edificio. Pasó por un estrecho y desierto corredor hasta llegar al fondo, donde subió a un austero ascensor que le llevó a la quinta planta. Salió del ascensor y se dirigió a la segunda puerta a la derecha, donde leyó el cartel: “Jeremías Hiato, Comisario-jefe del Departamento de Crímenes Literarios”. Llamó a la puerta y, al instante, una voz instó desde dentro:

-Adelante... –invitó una voz de barítono.

Léxico entró en el despacho y comprobó cómo el comisario estaba postrado en su sillón con los pies sobre la mesa. El sobrepeso de su físico dificultó su incorporación, aunque, acto seguido, pegó un mordisco al melocotón que tenía en su mano e hizo un rebujo del conjunto de manjares que se esparcían por su escritorio, mezclados por entre montañas de documentos y legajos apilados desordenadamente. Con expresión de ababol, el comisario se incorporó y ofreció una silla a Léxico.

-Perdona el desbarajuste del despacho, pero es que acabo de llegar de una convención de detectives de escritores “negros” y no he probado bocado desde hace ocho horas....

-No se preocupe, comisario... –respondió campechano Léxico.

A continuación, Léxico expuso al comisario Hiato los detalles sobre la investigación, y preguntó si se sabía algo sobre el paradero de Julio Ermita.

Al cabo de unos minutos, el comisario buscó en su ordenador todos los datos posibles. Luego hizo varias llamadas, y mientras Léxico apuraba su petaca, se dirigió a éste.

-Pues, ciertamente, que es éste un caso intricado per se. Me pregunto qué tendrá que ver ese Ermita en todo esto. En fin... –bufó, haciéndole entrega de varios folios-. Aquí tienes un poco de información sobre el tipo en cuestión, junto con la dirección de sus cinco casas y dos mansiones. ¡Ah! Y el número de su más reciente teléfono móvil... Dale las gracias a Teo, que es el encargado de estas cosillas...

-Muy bien, comisario –contestó Léxico-. Enseguida me pondré a ello. Hasta la vista –se despidió, saliendo por la puerta del despacho.

Franz_126
25/09/2005 03:07 Enlace permanente. Tema: Tren de cercanías No hay comentarios. Comentar.

29/09/2005

Crimen Desorganizado, S.A.

siete.jpgGracias a la información proporcionada por Teo, Léxico pudo localizar a aquel zascandil de Julio Ermita senior. Concertó una visita en su casa de veraneo de Marvela, diciéndole que se trataba de una entrevista para organizarle un homenaje concurrido por las altas esferas de la “jet set”.

Tomó un vuelo directo hasta la ciudad de la Costa del Gol y, una vez llegados al aeropuerto, cogió un taxi que le llevó hasta la urbanización “Los Rosales”. Bajó en las inmediaciones de una calle custodiada por anchas palmeras y se dirigió al número veinticuatro de la avenida “Talytal”. Se halló ante la verja de una enorme y atildada mansión rodeada por un frondoso jardín. Llamó al timbre y un trajeado mayordomo le abrió la puerta.

-Buenos días: soy Carlo Léxico. Tengo una entrevista concertada con el señor Ermita.

El mayordomo, sin pronunciar una palabra, hizo un gesto invitándole a entrar e instándole a que le siguiera. Cruzaron el jardín. Entraron en la casa, pasando por un ancho y largo pasillo que les condujo hasta otro jardín situado en la parte trasera de la casa. El mayordomo hizo un gesto señalando hacia una piscina sombreada por frondosos pinos. Léxico se dirigió hacia allí, comprobando como tres exóticas morenitas masajeaban y acariciaban sensualmente al tipo que se hallaba tendido en una tumbona. Léxico emitió un educado carraspeo, advirtiendo de su presencia:

-Ejem...

El tipo aupó su testa y, observando a Léxico se incorporó, deshaciéndose de las torneantes manos que moldeaban su cuerpo.

-¡Ups! ¡Hola! –saludó el viejo incorporándose de nuevo con la ayuda de aquellas lubricantes manos-. Julio Ermita, para servirle... Disculpe, pero es que estoy un poco lastimado... El otro día me hice un mal gesto en las cervicales y me estaban curando un poco... Bueno, supongo que es usted el periodista que me llamó el otro día, ¿no?

-Más o menos... –contestó Léxico estrechando la mano del ricachón-.

Léxico reveló su verdadera identidad; no obstante, pensó una treta y le comunicó que era un agente de estupefacientes, dando a Ermita las razones de su supuesta investigación: andaban buscando al dueño de una mochila hallada en la Facultad de Letras de Barmolona y que contenía varios paquetes de heroína; le informó, con cierta expresión de recelo, de que todos los números le apuntaban a él como su propietario. Mientras el anciano parecía escuchar aturdido la historia, se calzó unas zapatillas de algodón, aún por estrenar, que le trajo una de aquellas mulatas sirenas. Tras escuchar atentamente al detective, se dirigió a éste arrugando la cara:

-Pues, en verdad, que es un caso raro, raro, raro... –apreció, haciendo vibrar con contundencia las erres-. Bueno, acompáñeme al salón de casa y allí le cuento, y de paso le invito a un agua mineral. Disculpe que no pueda ofrecerle un whisky, pero es debido a mi reciente paupérrimo estado económico... Ya sabe, las apuestas, los juegos de azar y eso...

Léxico sonrió forzadamente y siguió al viejo, observando con pasmo el cinismo de aquel caradura.

Franz_126


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